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domingo, 26 de febrero de 2017
ME COBIJO EN UN ALBA
Me cobijo en un alba con dos estolas:
una de cal y nácar sobre torres y calles
por amor a Sevilla, que me otorgó la vida;
otra de lava y nieve junto a ríos y valles
en gratitud a Chile, que me otorgó la dicha.
© Antonio Macías Luna
Villa Alemana (Chile), 1 de abril de 2016
Publicado por
Antonio Macías Luna
a las
11:16
domingo, 1 de enero de 2017
A LA ESTATUA DE LA INFANTA MARIA LUISA EN EL PARQUE DE SEVILLA (soneto en versos de 14 sílabas con hemistiquios de 8+6)

(Estatua en bronce de la infanta, por Enrique Pérez Comendador)
Miran tus serenos ojos de frente al vacío,
dadivosa, noble Infanta María Luisa.
Hace tiempo en tu semblante nació la sonrisa
que dibuja el cardenillo con su verde frío.
Fragantes galas te entregan majestad y brío,
sentada frente a un estanque. Pequeña y remisa,
en tus dedos una dalia, sin miedo a la brisa,
te acompaña fiel en días de invierno y estío.
Donaste al Guadalquivir, en magia de olor,
la amplitud de tu glorieta y parque placentero
para las blancas palomas y el dulce jilguero.
Mientras por años tu bronce soporta un rigor
de crematorio en agosto y escarcha en febrero,
con gratitud resplandece Sevilla en tu flor.
© A. Macías Luna
Villa Alemana (Chile), 31 de diciembre de 2016
(El borrador fue incluido el 24-11-1999 en el Libro de Poemas n° 3, registrado en Prop. Intelectual de Sevilla con el n° SE-8275, luego fue publicado en este blog el 14/12/2008. El poema de esta entrada es la versión definitiva.
Publicado por
Antonio Macías Luna
a las
20:57
lunes, 29 de agosto de 2016
A MI HIJA EVA
Etiquetas:
amor,
Andalucía,
Chile,
España,
intimismo,
mar,
naturaleza,
nostalgia,
Sevilla,
silva romance
I
Eva, hoy no hay gaviotas aquí en lo alto.
Me asomo al mar y lo encuentro anodino;
abajo aguas turbias
no dejan de imitar mi exhausto ritmo.
Te sumerjo en las cuevas de mi pecho,
pues me abruman pelícanos
con caras de huracán,
con lenguas de peligro.
En este acantilado tan remoto
guarda silencio el mar sin fuerza y liso,
carente de clamores,
sin vaivenes undívagos.
¿Dónde están la afonía de su espuma,
sus ecos, sus quejidos?
Sus frases en idioma de ficción
renegaron del grito;
posiblemente esté bramando en sueños,
quizás esté dormido.
Cierto que muchas noches, muchos días
nadaron al vacío;
ya son años pretéritos,
ya son barcos perdidos
por el timón de las incomprensiones,
rumbo a nuestros suplicios.
II
En la higuera feraz de Andalucía
se conversan las hojas al unísono
y en la araucaria húmeda de Chile
se arrullan picaflores con zumbidos.
Eva, siente el caudal de nuestra sangre
en el tronco arrugado del olivo,
y, si abruman fulgores en Sevilla,
busca en su luz la de Valparaíso.
Hija mía, baluarte de elegancia,
vid ejemplar con fértiles racimos;
mariposa temblando entre colores
en hoja carrasqueña de lentisco;
hija del alma, torre de amargura,
bajo el fuste solar del torvo estío
en esa tierra machacada a fuego
no mires al abismo.
Acá estoy trasvasando por tu ausencia
mis quimeras al cofre del destino;
mientras te emplazo de un país al otro,
ya vuelve el mar feliz a este sitio.
¿Serán unas gaviotas
que vienen a espantar a los pelícanos?
"Papá, es mi brisa hablándote
tras un empuje de olas que persigo".
© Antonio Macías Luna
V. Alemana (Chile), 14 noviembre 2009
(Un borrador del poema fue incluido por primera vez como entrada en este blog el 2/12/2009 a las 23:28 horas)
Publicado por
Antonio Macías Luna
a las
17:54
miércoles, 30 de enero de 2013
ELEGÍA A MI TÍA TERESA
I
en mis entrañas se estrelló con fuerza.
Te vas, tía Teresa, a un altozano
en la tranquila estepa
donde muchos se vuelven a encontrar;
donde no hay torvas fieras
tras el tiempo perdido
combatiendo en la tierra.
se incrustó en mí la pena,
el tirante cordel de una mordaza
clavándose en la voz como una flecha.
Presentí el filo cruel y amenazante
de una aguda herramienta;
la que mutila todo lo que vive,
toda esperanza, toda buena hierba
y amontona sus lánguidos trofeos
en hoyos con exequias.
te vas por una senda
entre encinas, lentiscos, alcornoques:
los fieles centinelas
que me dieron cobijo muchos días
bajo ramas añejas.
II
te mantienes alerta.
Hoy regreso contigo hasta la infancia
con tu guía, a tu vera.
Los brazos tú me tiendes,
yo hacia ti me encamino con torpeza
ensanchando el sitial de los pulmones,
afirmando los pilares de las piernas.
Saturas mi cabello con perfume
para peinar mi cabeza revuelta.
Tus manos de amapola,
cuidadas y morenas,
recubren con texturas de damasco.
Tu pulso firme y hábil
repinta el trazo de mis toscas letras:
crucigrama de un libro de lectura
en un aula sombría de la escuela.
Tus aletazos de Ángel de la Guarda
persisten y resuenan
como el vidrio que el recio vendaval
una y otra vez lo abre y golpea.
Aunque, ya hombre, busqué la soledad
en cumbres y laderas,
agradable aislamiento,
siempre me mantenía de ti cerca.
Tía, jamás me fui;
yo alojaba en mi alforja de poeta
tus rimas de enseñanza:
la armonía que ostento como herencia.
III
prepara su ballesta
la Diana cazadora que te mira
con cavernosas cuencas,
un armazón de huesos
y dientes en hilera.
Solitaria temible
sin lujo y sin melena,
con túnica colgante y harapienta,
te acurruca, te arropa en el frío
bajo un manto de hielo que te pesa.
hoy no deslumbra el sol la Cordillera.
Sobre los Andes se alza,
mil sollozos lo llevan
a ti, a la obra sublime de tus padres:
primor de abuelos en mi hispana tierra.
¡Honesto colofón de mis mayores,
de su jardín la última violeta!
Si Dios te manda hacerles compañía,
por ellos y por mí soñando enhebra
plegarias hasta que despunte mi hora,
y yo te vuelva a ver, tía Teresa.
Antonio
Macías Luna,
Villa
Alemana (Chile), 3 de octubre de 2009
(Derechos de autor)
Publicado por
Antonio Macías Luna
a las
23:41
lunes, 19 de octubre de 2009
DE SEVILLA A CASTILBLANCO
Etiquetas:
Castilblanco,
endecha,
naturaleza,
Sevilla
Los ojos abre el día,
venturoso alborea.
Dirección Castilblanco,
en la sombría Vega,
bajo un nimbo de añil
sobre la carretera,
pares brillantes de ojos
sin pestañear se acercan
y presurosos pasan
cual fugaces estrellas.
La hoguera celestial
al este se rebela
ahuyentando las sombras
de la negra cuneta.
Bostezando al oeste
va una mancha cobreña:
llanuras y cortijos,
a los que libres dejan
las garras de la noche
mientras las acuarelas
del río atrapan grises
de árboles y laderas.
Al norte se perfila
el busto de la sierra.
Con honda pesadez,
hacia el sur las tinieblas
continúan reinando,
donde se despereza
Sevilla, y
despacio se despierta.
A.Macías
Castilblanco (Sevilla), enero de1999
(Derechos de autor)
Publicado por
Antonio Macías Luna
a las
23:25
DE ALCALÁ DEL RÍO A BURGUILLOS
Etiquetas:
naturaleza,
romance,
Sevilla
Alcalá del Río escucha
de unos cipreses las quejas
tras blancos muros sagrados
con lechos de almas que esperan.
Esta mañana domina
la blanca niebla que pesa
sobre las calles del pueblo,
los surcos y las cunetas.
El ancho Guadalquivir
hila en plata la silueta
de la comarca andaluza
bajo una tenue linterna.
Recién parido, sin brío,
el sol en su ascenso peina
el cuero de los sembrados;
despacio se despereza
y trata de disolver
la vaporosa humareda.
Lonas de huertos relucen,
dirigen la carretera,
discurren con amplitud
y en San Ignacio se pliegan.
Burguillos, casi serrano,
con resplandores se echa
bajo los montes dormidos,
en los que nace la sierra,
un cordón de suaves curvas
al pie de Sierra Morena.
Después del triunfo del sol,
ya vivos se desmelenan
cientos de surcos como olas
en un telar de dehesas,
de hondonadas y subidas
que los olivos remedan.
Los ojos lloran de quienes
bajo la gran lumbre observan
las planicies en que pacen
reses con astas inquietas.
Las aguas del río Viar,
en tumultuosas regueras,
murmuran y huyen salvajes
como celestes culebras
por la sedienta campiña
para zambullirse en tierra.
Serpenteando a San Ignacio,
por llanos fértiles llegan
mojando zanjas vetustas
y abriendo antiguas compuertas
con piel de negro tizón:
hierros movidos por ruedas
dentadas, firmes a toda
acción del tiempo funesta.
En el infierno de julio
aguas fecundas son éstas,
obsequio del fresco Viar
que con sed de riego aciertan
a morir en Cantillana,
en un confín de La Vega.
(A. Macías)
Castilblanco (España), diciembre de 1998
(Derechos de autor)
de unos cipreses las quejas
tras blancos muros sagrados
con lechos de almas que esperan.
Esta mañana domina
la blanca niebla que pesa
sobre las calles del pueblo,
los surcos y las cunetas.
El ancho Guadalquivir
hila en plata la silueta
de la comarca andaluza
bajo una tenue linterna.
Recién parido, sin brío,
el sol en su ascenso peina
el cuero de los sembrados;
despacio se despereza
y trata de disolver
la vaporosa humareda.
Lonas de huertos relucen,
dirigen la carretera,
discurren con amplitud
y en San Ignacio se pliegan.
Burguillos, casi serrano,
con resplandores se echa
bajo los montes dormidos,
en los que nace la sierra,
un cordón de suaves curvas
al pie de Sierra Morena.
Después del triunfo del sol,
ya vivos se desmelenan
cientos de surcos como olas
en un telar de dehesas,
de hondonadas y subidas
que los olivos remedan.
Los ojos lloran de quienes
bajo la gran lumbre observan
las planicies en que pacen
reses con astas inquietas.
Las aguas del río Viar,
en tumultuosas regueras,
murmuran y huyen salvajes
como celestes culebras
por la sedienta campiña
para zambullirse en tierra.
Serpenteando a San Ignacio,
por llanos fértiles llegan
mojando zanjas vetustas
y abriendo antiguas compuertas
con piel de negro tizón:
hierros movidos por ruedas
dentadas, firmes a toda
acción del tiempo funesta.
En el infierno de julio
aguas fecundas son éstas,
obsequio del fresco Viar
que con sed de riego aciertan
a morir en Cantillana,
en un confín de La Vega.
(A. Macías)
Castilblanco (España), diciembre de 1998
(Derechos de autor)
Publicado por
Antonio Macías Luna
a las
22:59
miércoles, 29 de octubre de 2008
A LOS CIPRESES DEL CEMENTERIO DE SEVILLA (II)
Tras unos muros en que el sol revienta
os erguís, os alzáis como fusiles
sobre el hombro en marciales desfiles.
Sois soldados valientes que se alientan
con el vaho de aromas y de humores.
Sin trompetas agudas ni tambores,
en marcha lenta, sin marcar el paso,
camináis a un recóndito destino.
En silencio seguís vuestro camino
bajo el celeste raso.
En calma, espectadores sosegados
siguen vuestras extrañas piruetas
al sol de la mañana y al ocaso.
Ojos cerrados ven vuestras siluetas,
ojos ciegos que viven en bastiones
de mármoles y losas:
mar picado con blancos pabellones,
margaritas y rosas.
¡Oh, cipreses enhiestos!,
guardad sigilo vigilando prestos.
Velad por quienes guardan vuestros pies,
rezad por quienes los verán después.
A. Macías
(Derechos de autor)
os erguís, os alzáis como fusiles
sobre el hombro en marciales desfiles.
Sois soldados valientes que se alientan
con el vaho de aromas y de humores.
Sin trompetas agudas ni tambores,
en marcha lenta, sin marcar el paso,
camináis a un recóndito destino.
En silencio seguís vuestro camino
bajo el celeste raso.
En calma, espectadores sosegados
siguen vuestras extrañas piruetas
al sol de la mañana y al ocaso.
Ojos cerrados ven vuestras siluetas,
ojos ciegos que viven en bastiones
de mármoles y losas:
mar picado con blancos pabellones,
margaritas y rosas.
¡Oh, cipreses enhiestos!,
guardad sigilo vigilando prestos.
Velad por quienes guardan vuestros pies,
rezad por quienes los verán después.
A. Macías
(Derechos de autor)
Publicado por
Antonio Macías Luna
a las
00:38
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