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miércoles, 7 de marzo de 2018

MIS PALABRAS

Fui a escuchar caracolas en el mar,
mostraba la mañana un rictus flojo;
el rocío anidaba entre unos pinos
con sudores clavándose en los troncos.

Fui a romper bordados en la orilla,
a traducir mensajes de otro cosmos.
Poéticas, seducían en concierto
espumas de olas con repique sordo.

El agua se extendía en mil centurias
por un desierto vítreo y sin abrojos.
La arena, sílice abismal de nieve,
se tragaba mis pies cansados, hondos,
y, al acercarme a límites distantes,
se alejaba el camino de retorno.

¿Por qué de mí escaparon las palabras?
¿Cómo yo, comandante y viejo lobo
de lenguas, ninfas escuché que a Ulises
trataron de engañar con voces de oro?

Mis palabras guardó una caracola,
las enterró en un submarino pozo.
Inundados, sin frases mis pulmones,
los peces me bebieron sorbo a sorbo.

© Antonio Macías Luna
V. Alemana (Chile), 7 de febrero de 2018

lunes, 13 de agosto de 2012

UN AIRE ENRARECIDO


Un aire enrarecido se concentra
en un clamor que aúlla, furibundo.
Un iris sin colores se confunde
con olmos consumidos por lo oscuro.
Vaciados por hormigas afanosas,
en las cortezas surgen nuevos nudos
preparando el camino de la vida,
componiendo las sílabas del túmulo.

Antes bailaba la armonía acústica,
la guitarra tañida por el mundo.
La escala de color subyugador
dominaba al más gris de los segundos,
como el péndulo atado en el vacío
a un activo telar de hilo rubio.
¡Qué lejanas están esas barquillas,
esas góndolas de amoroso arrullo!

La belleza es un sol destituïdo
por la mente insalubre del astuto.
Todo ha quedado atado con cadenas
a unas paredes libres de futuro;
con firmeza a un presente con pasado,
a un tictac sin compás, escueto y mustio.

La paz amenazada, en entredicho,
se aburre con arengas y discursos,
ráfagas de balazos locos; bocas
sin dentadura de los testarudos.
Así condena el hombre en su locura
la vida a una prisión con ventanucos.
No falta en ella un pasillo alargado:
la tronera angustiosa para el luto.




                       II

El pobre volverá a sentir de cerca
el pan entero, no un vulgar mendrugo;
su mano lo asirá sin brusquedad,
sin temor a la crítica ni al vulgo.

Serán los olmos otra vez hermanos
del silbante eucalipto, ese manubrio
que gira con las ramas de mi esfuerzo;
una labor por la que al menos lucho.

Todo no está perdido, está latente;
hondo en la serpentina de lo oscuro.
Solo hace falta que hablen los relámpagos
con un lenguaje cuerdo de lo absurdo.

Será la Poesía mi portento,
verá la luz en nubarrones turbios.
Será mi verso el arca de Noé
para salvarme del fatal diluvio.

          Antonio Macías Luna

domingo, 8 de noviembre de 2009

VIAJE POR NEUQUÉN


Hoy ingresé a Neuquén, páramo en Argentina.
Detrás dejé araucarias y pinares frondosos.

Hoy descubrí un semblante de tierra sin narices,
callado recorrido por betún en reposo;
por una carretera, símil de pista aérea
entre cerrillos bajos de terruños en polvo.

Hoy vi ovejas cansadas que morían por agua,
donde el batitú silba al planeo del cóndor;
por donde se desplazan unas reses cansinas
rastreando tras el gaucho su nutritivo apoyo.
Los pulmones vacíos se tragan aire ardiendo
destronado a la fuerza por desabrido soplo.

Las ruedas de mi coche, deslucidas por horas,
van trazando roderas en deleznable rostro,
en cerros maltratados por la carencia de lluvia,
donde trazan las sendas un dibujo monótono.

Llega el paseo errático de estrellas incipientes,
que hunden las mías fijas en matorrales hoscos.
Mis dos viajeras nómadas reman a ras, a oscuras,
por un Neuquén salvaje, por un camino inhóspito.
En la noche nacida resuelvo dar la vuelta,
de regreso hacia el Chile quebrado y montañoso.

Digo adiós a Argentina mientras cruzo la linde.
Detrás dejo Neuquén con salitre en los ojos.


A. Macías (Zapala, Argentina)
(Derechos de autor)