Prefiero ser un virginal diamante
que mantenga su piel lujosa en bruto,
sin caer en el hoyo y en el luto
de la mente dudosa y vacilante.
No soy tampoco osado ni arrogante.
Prefiero por mi acción rendir tributo
a dármela de pícaro y astuto.
Prefiero ser de íntegro talante,
de buena fe, que en cualquier caso ligue
con el corazón de hombre inteligente,
a quien la honestidad del alma sigue.
A veces, sin embargo, uno se siente
vidrio de su diamante, para el corte,
sin que nada ni nadie le conforte.
(Derechos de autor)
Hola Antonio
ResponderEliminarInteligentes palabras las tuyas.
Y la honestidad, la inteligencia del alma...
Un saludo