jueves, 9 de octubre de 2008

PLAZA DE SAN LORENZO (SEVILLA)

Esta tarde de otoño
a cantarte me apresto;
al son de tus gorriones
a seducirte vengo.
Por mi senda madura
con ilusión me acerco
al rumor de tus árboles,
plaza de San Lorenzo.

Con el alma en la mano
a sonsacarte llego
retazos de mi infancia
de tu crisol de ensueños.

Cuántas tardes, sentado,
iban mis pensamientos
al celaje y a él
le hablaba mi silencio.

Tus bancos, piedras frías,
tu inextinguible aliento
a rancio me regalan
como en los viejos tiempos.
Aguantan sus respaldos
de moribundo hierro,
ante los que los árboles
siguen vivos y viejos.

A mí vienen palomas
brincando en tu agrio suelo.
Fulgen cuentas violetas
en su abultado cuello.
Batiendo alegres plumas,
hacen nerviosos gestos
y llegan hacia mí
en vacilantes trechos.
Se escapan con temor
al menor movimiento;
se abalanzan sus picos
a tu enramado techo.
A los troncos rajados
por antiguo escalpelo
les sacan las entrañas
las águilas del tiempo.
Palmatorias de hojas
con penumbroso cerco
se extinguen en el gris
insondable del cielo.

A mis pies caen alas
de amarillos murciélagos;
son tus hojas marchitas,
las cometas del viento.
El aire las apila
en impensado lecho
con dos altas palmeras
velando a los extremos.

Tus ladrillos gastados,
sucios y cenicientos,
no me ofuscan con luz
del liso pavimento,
donde una anciana en luto
tira apenas del cuerpo.

El campanario añoso,
con olores de incienso,
traga bronces gastados
que aún lloran a muerto,
como en aquellas tardes
de preces y misterios.

El reloj con sombríos
números marca el tiempo
que la torre solemne
lanza a todos los vientos.

La noche trae el otoño,
nostálgico me alejo
por mi vereda de años,
con lluvia de recuerdos.
Los gorriones se llevan
melancólicos versos
al alma de tus árboles,
plaza de San Lorenzo.

A. Macías (poema publicado en la Revista 55-56 del Círculo de Escritores V Región, Viña del Mar)
(Derechos de autor)

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