viernes, 3 de octubre de 2008

LA HIERBA DE LOS AÑOS

Crece la verde estera del jardín
con la ubre de los años
que no pasan con más celeridad
que los tuyos, al tiempo de los míos.

Crece gastando el verde de la savia.
Yo lo veo lejos tras el movimiento
de tus manos rosadas,
tus alas de ave en celo
que se posa trenzando
la costura del césped de un bordado.

Crece la buena hierba de los años
al viento veleidoso de esta tarde
con un barítono de canto débil;
una avecilla que se esconde
en la hojosa floresta del ciruelo
y, como vela en fuego,
duda antes de callarse.

Crecemos sin diálogo, callados,
con las lenguas atadas
por pausas de una orquesta en ensayo, sin notas.
Crecemos como niños jugando a estar juntitos
y en silencio tú y yo nos acercamos.

Veo pasar el tiempo, te veo pasar a ti.
Tu tiempo es paralelo al mío.
Siento cómo surgen, una y otra,
las espiguillas cortas que aceptan el peso,
la carga de plomada por mis talones quietos.

Mientras el borde sinuoso
de tu falda golpea en las columnas
varadas de mis piernas,
se asustan las palomas de estas manos mías,
que escapan escribiendo versos.

(Derechos de autor) (de "Versos que empujan desde el alma")

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