Un distraído pájaro se posa
en el verde que aguanta una palmera;
pilar cercano a mí, casi a mi vera,
en un vasto jardín que el sol destroza.
Mi vista en la mañana, temerosa,
evita el trazo de la ardiente esfera;
la fogata interior de su caldera
se consume conmigo en esta fosa.
Me da el gorrión la cola, y al revés
colocado, por mí pierde interés
junto a un tronco cuya alma apenas cruje.
Me observa el ave, incómodo en mi asiento.
Mientras un toro de ciudad le muge,
sus patas pintan trazos tras el viento.
A. Macías
(Derechos de autor)
domingo 24 de enero de 2010
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